Dom. Oct 17th, 2021

Doña Ángela Pérez

Su nombre es doña Ángela Pérez Pérez, y tiene 74 años de edad, es oriunda del Cantón Las Cruces; lugar donde ha vivido toda su vida. Su motivación por la panadería surgió hace varios años, cuando dos de sus tías la invitaban a que fuera a su casa para ayudarles a hacer pan, oficio que aprendió y lo consideró como un don de Dios, debido a que desde el primer momento le gustó y su sentimiento por él ha ido en incremento.

Posteriormente, se animó a elaborarlo sola, dejando de lado el miedo y aprovechando los conocimientos adquiridos que tanto le habían costado. Con el pasar del tiempo se convirtió en toda una experta ganándose no sólo el cariño de los residentes, sino de la admiración de ellos por el toque peculiar que le da al pan. Entre risa y risa, y con mucha modestia, nos asegura que se hizo muy famosa en su tiempo. No obstante, piensa que su auge ya se esfumó, debido a su avanzada edad; lo que desmienten la gran mayoría que la conocen, porque su pan no sólo mantiene su calidad, sino que cada vez se siente más rico.

Sabroso pan artesanal elaborado por doña Ángela Pérez

Entre una de varias anécdotas que tiene para contarnos, nos relata que, le dijo a su madre, que se animaran a hacer pan; ella se le quedó viendo y con ceño de incertidumbre le preguntó: ¿Hija, será que si podremos hacerlo?, a lo que doña Ángela le respondió: “Claro, si yo le digo que puedo es porque es cierto”. Ambas rieron, y se pusieron manos a la obra. Y lo que al principio pareció una odisea, se convirtió convirtiendo en una hermosa aventura, porque al estar listo el pan, su madre lo cargó en un canasto y se lo llevó para venderlo. Nos comenta que la canasta se vacío como por arte de magia y la gente se quedó pidiendo más. Desde ese día, comenzó a recibir encargos que no paraban de solicitar, y a la fecha, sigue haciendo lo mismo.

“Buena era esta tontera”, dice entre risas pícaras, recordando que hizo de lo que tanto disfrutaba un arte y su principal forma para percibir ingresos económicos. Con la edad, dice que sus fuerzas han ido en decremento. Razón por la cual, nos enfatiza que posiblemente haya perdido el toque, pero, nosotros sabemos, que eso no es cierto, el pan que prepara doña Ángela es uno los más cotizados, afamados y deliciosos que existen. En este caso, el tiempo, no ha pasado en vano, sino que a servido para enriquecer y darle el toque mágico para intensificar su su sabor, esto, gracias al cúmulo de experiencia que este oficio le ha otorgado con la práctica.

“Cuando yo empecé, estaba chiquita, apenas tenía 9 años”, con esa frase muy específica, nos reitera que desde esa corta edad era una joven muy activa y con deseos de salir adelante y superarse con un oficio. Recordemos que las épocas cambian, y a medida que han ido evolucionando las nuevas generaciones, cada vez es mayor el número de niñas de esa edad que no les agrada el trabajo, y se dedican a otras cosas.

Doña Ángela elabora ricas quesadillas de arroz, de la cuadrada de maíz, totopostes, marquesote, pan batido de maquila, pan de leche, semitas, menudencias, salporas de a arroz, rosquetes, y una amplia gama de variedades de pan. Nos dice, que siempre usó horno artesanal de leña. “Si, toda la vida me ha gustado tener mi horno de leña y todo para quemar bien los panes”, añade.

Haciéndo remembranza entre sus historias, nos dice que cuando era pequeña, le gustaba que la llevaran a pasear adonde sus abuelos maternos, y que salía también con su madre de vez en cuando. Cada salida era aprovechado para andar pensando en negocios, por lo que, en una salida, recuerda que se compró un delantal bien bonito con unos pajaritos bordados y unas flores alrededor, porque siempre tenía en mente que era una vendedora de pan y debía verse presentable para los clientes. Doña Ángela se alegraba con esos detalles, y como en aquel entonces no había tela bonita, o de haberla, no estaba al alcance para la gran mayoría, sólo le compraban ropita de manta de color, por lo que, su delantal de dibujitos le permitía destacar entre la multitud para verse mejor.

Entre lágrimas y risas, nos dice que su delantal era hermoso, y que a pesar de que le tocaba usar ropita sencilla, disfrutaba esos momentos que verse al espejo le daban, y más al recordar sus vestidos largos. “Vieran que bonita es la vida cuando se es joven, y acordarse, con estos recuerdos gozo y sufro a la vez, porque en aquel tiempo la economía era difícil y se sufría bastante, ahora, las cosas han cambiado, aunque siga siendo pobre, pero el sufrimiento no se compara al de antes”, finaliza diciéndonos, y secando sus ojos.

Doña Ángela

“Gracias a Dios y a nuestra madre santísima, no me hace falta la comidita”, añade, aseverándonos que esa es una parte fundamental, en sus intentos para describir su felicidad y lo satisfecha que se siente en estos momentos.

Para la finalización de esta nota, ella torna una carita muy sonriente, en la que su alegría se evidencia sin mayor difícultad y nos dice: “Ahhh, mis hijos se van a sentir muy orgullososo de mi, cuando vean que a su mamá la quieren todos”… Pensamiento que como medio informativo compartimos, porque doña Ángela Pérez Pérez, es y seguirá siendo un ícono del Cantón Las Cruces pero también, un orgullo 100% yucuaiquinense.

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