Sáb. Ene 23rd, 2021

Prof. Carlos López

Compartimos con todos ustedes, la autobiografía proporcionada por el mismo Prof. Carlos Alberto López, enviada a este medio el 16 de octubre de 2011. En la que nos comenta que es el primogénito de una familia de 11 hermanos; en la que menciona que “si hubiese nacido en los tiempos bíblicos se diría que nació con muchos privilegios”.

Lo cierto es que su infancia transcurrió en unos de los parajes más hermosos de la tierra salvadoreña. Ya que Yucuaiquín rebosaba de abundantes bosques, de fuentes de aguas cristalinas, muchos pajaritos y de otras clases de animales silvestres. El clima en los años cincuenta del siglo XX oscilaba entre los 24 y 28 grados centígrados (Una temperatura bastante agradable, ya que ahora tiende a ser bastante cálido por estos rumbos). En ese entonces había un clima delicioso, propicio para “fincas” y “solares” con abundantes frutos de muchas especies, unas ya extintas como el “guaycumo”.

El Prof. López, fue nieto predilecto de don Rogelio (su abuelo), quien recreaba la imaginación con narraciones de muchos cuentos, como por ejemplo: “Las mil y una noches” y con hazañas caballerescas de Oliveros de Castilla y don Roldan, de “Los doce pares de Castilla de Carlo Magno”; obra literaria que le habían contado a su abuelo y que el reproducía con muchos arreglos de su parte para darle más emoción a sus narraciones. Comenta don Carlos, que su abuelo además le contaba muchas leyendas y hazañas de valor y valentía de su juventud, que aún recuerda con mucha nostalgia. Le adoctrinaba en la religión católica narrándole a su manera muchos pasajes del “Éxodo” y de la vida de nuestro señor Jesucristo. A tal grado que fue un adolescente muy allegado a la religión. Rezaban juntos (incluyendo a su abuelita Matilde) El Rosario todos los martes, a San Antonio. Recuerda que se confesaba y comulgaba el primer viernes de cada mes. Para ello, se trasladaban a pie a Jocoro, Bolívar y Santa Rosa de Lima. Y cuando se le ocurría a su abuelo, se quedaban a comulgar los sábados como ofrenda a la Virgen María.

La naturaleza le dotó de una memoria (casi fotográfica), por lo que en su tiempo de estudiante, obtenía en cada grado el primero o segundo lugar en las notas de fin de año, por lo que siempre le premiaban con algunos regalitos, muchos de los cuales aún guarda y recuerda con mucho aprecio.

Como si una Hada Madrina le guiara en la vida, menciona con bastante seguridad que “todo le ha salido bien”. Continúa recordando que como caído del cielo, le otorgaron una beca para un “Seminario menor de la Congregación de la Misión de los Padres Paulinos” en el país vecino de Guatemala. En los días que estuvo en la “Escuela Apostólica de Quetzaltenango”, Guatemala; modelaron su personalidad. Seis sacerdotes le enseñaron tantas actitudes buenas; tantos buenos modales que a ellos les debe lo que el mismo llamada “una vida feliz” y gracias a ellos, dice no sentirse extranjero en ningún lugar. En ninguna otra parte hubiese aprendido normas de urbanidad y etiqueta, básicas para la convivencia en cualquier comunidad. Aprendió a practicar valores morales y cívicos, que le han valido para darle honor a su personalidad. Fueron los sacerdotes Misioneros Paulinos los que cultivaron su amor por la lectura, que ha sido la herramienta principal que le ha permitido ser una persona bien definida en sus criterios y opiniones. Reflexiona y dice: “Lo que pienso y creo es resultado de la lectura de un gran número de libros, folletos, revistas, diarios, artículos y otras fuentes literarias de información que ha consultado y asimilado”.

Conoció a su esposa Rubenia, presionado por un grupo de amigos que querían poner a prueba su valor “ya como hombre” (En ese entonces, era un adolescente) para declararle un amor que no sentía, a una muchacha a quien ni el nombre sabía, pues no había reparado en ella antes. Era desconocida para él. Con total agrado recuerda a esos amigos que le condujeron (sin saberlo) hacia la persona que ha sido su complemento idóneo en el maravilloso viaje por la vida que el mismo autodenomina: “feliz”.

Al cabo de un tiempo de haberse casado con Rubenia, unos amigos le motivaron para ir a buscar fortuna a Belice (un país centroamericano desconocido para muchos pero muy bello según el mismo nos narra). Fue un viaje bastante interesante, toda una aventura para él. En esa ocasión, el gobierno de Belice le ofreció casa y tierra para trabajarla. No obstante, la falta que le hacía su esposa Rubenia lo hizo volver al país, no estaba dispuesto a cambiarla por “esas ofertas beliceñas” que a otra persona, les hubiesen sido de mucha tentación. Sin embargo, cruzó por su mente regresar a ese país junto a su esposa, pero desistió de la idea, porque creyó no poder convivir en una población predominada de raza negra y muchos aborígenes, que tenían el idioma inglés como oficial y como dialectos el Mopán, Kekchi, yucateco, el inglés creole y otros.

Entre uno de sus aportes culturales, elaboró el Himno de Yucuaiquín.

Como docente, a contribuido notablemente a la educación de las futuras generaciones, moldeando las mentes de muchos jóvenes desde el CEDY, que sin duda alguna serán un aporte valioso para el desarrollo de Yucuaiquín y de nuestro país El Salvador.

Por esto y más razones, el Prof. Carlos Alberto López Mendoza es un orgullo yucuaiquinense, digno de pertenecer a nuestros personajes célebres.

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