Sáb. Ene 23rd, 2021

Historia de Don Neftali Flores

Don NEFTALI FLORES nos comenta que cuando era joven sus padres y abuelos le contaban de cómo fue el descubrimiento de nuestro patrono San Francisco de Asís, y de las primeras personas que comenzaron a habitar la ciudad que hoy conocemos como Yucuaiquín.

Todo comenzó hace varias décadas atrás, donde no existía ninguna sola casa habitada, era una solitaria montaña que su virgen colorido verde delataba que no era un lugar muy concurrido en aquel entonces. Entre sus haberes reverdecían las plantas y se encontraba una infinidad de árboles de diferentes clases y reconocidos por ser de buena calidad de madera.

Llano Grande era el único lugar habitable y podían contarse la cantidad de casas que se encontraban a su alrededor. Dicho lugar era poblado por indios de la zona.

Cierto día, un indio se fue a buscar leña al cerro y a cazar venados, y al poco tiempo de caminar, de repente se detuvo y vio entre medio de las raíces de un árbol de ceiba una imagen de un hombre. Aquella que el indio había encontrado era la imagen de San Francisco de Asís. Al ver esto, se asustó y regresó al valle a contar lo sucedido a los demás indios. La desconcertante historia ante la incrédula mirada de los demás indios, hicieron que dicho suceso no fuese tomado en cuenta, porque parecían ser fábulas fabricadas en la mente de aquel personaje. Después de un tiempo, un grupo de pobladores decidieron creer la versión que relataba el indio y se reunieron en grupo para ir a corroborar que aquello era cierto.

Al llegar al lugar, se asombraron al ver que la historia que contaba aquel indio era cierta. Ya que todos pudieron comprobar que efectivamente, la imagen se encontraba allí. Una imagen divina de un hombre. Posterior a ello, decidieron trasladarla hasta el lugar donde ellos vivían. Edificaron el sitio adonde quedaría dicha imagen permanentemente y comenzaron a realizar un tipo de baile con una clase de tambores e instrumentos de viento. Todo se debió como resultado a encontrarse tan contentos por lo acontecido. Al finalizar, todos se fueron para sus casas.

A la mañana siguiente, uno de ellos fue a ver la imagen, y para su sorpresa, la imagen había desaparecido del lugar. Salió rápidamente a contárselo a los demás. Muy sorprendidos, decidieron irla a buscar nuevamente, y la encontraron justo en el mismo lugar en donde lo habían encontrado inicialmente. Desconcertados, volvieron a llevársela a su poblado y el siguiente día, volvía a aparecer en el cerro.

Los indios insistentes repitieron esta acción muchas veces, pero siempre la imagen aparecía en el lugar inicial donde había sido encontrada la primera vez. Cansados de esto, edificaron el templo en ese cerro y lo nombraron patrón de todo ese territorio, luego después empezaron a construir las primeras casas, y fue cuestión de tiempo que el número de pobladores se fuera incrementando en la zona. Ese lugar fue llamado: El Cerro de La Cruz, que actualmente se sigue llamando así. El baile que los indios realizaron fue lo que popularmente hoy conocemos como El baile de la Partesana y desde entonces, ese tesoro cultural ha venido conservándose de generación en generación.

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